Pasatiempos Radiocity
Radiocity es el nombre de una nueva tienda de discos que han abierto en Madrid en la plaza de los Guardias de Corps, que es esa pequeñita que está enfrente del cuartel del Conde Duque. Para decorar una de las paredes del comercio, sus responsables me encargaron una gran ilustración de un metro cuadrado que reuniese una docena de destacadas figuras de la historia de la música popular que ellos mismos eligieron. El resultado tiene formato de pasatiempo y lo he colgado aquí en una versión de formato reducido para que aquellos que viváis en otra ciudad también podáis probar vuestros conocimientos musicales y perspicacia visual.
Sigue la pista a Herminio
Tan sólo una persona hasta el momento ha enviado su colaboración fotográfica para la convocatoria “Sigue la pista” que publicamos en la página dieciséis del libro Cómo convertirse en hijo de puta de Ata, Santi Orue y un servidor. Se trata de Rubén Sierra de Bilbao, al que hemos enviado ya un detalle por ser el primero en participar. Su obra puede contemplarse en este set al que iré añadiendo los nuevos trabajos que me vayan llegando.
Historietas a la carta
Ése es el título de mi próximo álbum de historietas que saldrá a la venta a principios de junio de la mano de La Factoría. Recopila todas las páginas que he publicado en los últimos cuatro años en El Jueves que NO han sido protagonizadas por Ángel Sefija. Repruduzco a continuación los dos primeros párrafos del prólogo del libro en el que explico porqué se titula así:
“Los colaboradores de El Jueves habitualmente podemos dedicar la historieta semanal de nuestro personaje al tema que nos dé la gana. La periodicidad de la publicación nos permite tratar asuntos de más o menos actualidad, pero siempre bajo nuestro propio criterio. Sin embargo, las historietas que ocupan la primera parte de la revista y los extras que aparecen a lo largo del año se dedican a desarrollar un tema monográfico común que la redacción decide de antemano y distribuye por subsecciones entre todos los colaboradores. De esta forma se diversifica el material y se hace más difícil que dos autores puedan coincidir contando chistes muy parecidos.
Este libro se llama Historietas a la carta porque todas las planchas que recoge fueron creadas a partir de un encargo del equipo de redacción. En ocasiones, respeté el título propuesto e incluso aproveché algunas de las situaciones de ejemplo que acostumbran a facilitarnos. En otras, preferí dar alguna vuelta más a la sugerencia y enfocarla de una forma más adecuada a mi estilo, mi tipo de humor y mi forma de ver las cosas. En todas, la idea inicial no partió de mí mismo.”
Benicàssim, rollo chungo
En la cadena de comentarios originada por la entrada en esta bitácora del pasado día nueve de mayo acabamos hablando de la nueva moda de organizar concursos sin premio. En ella confesé haber hecho la gilipollez de presentarme al de videoarte del festival de Benicàssim por no haberme leído con detenimiento las bases y descubrir a tiempo que a los “premiados” no se les daría nada, ni siquiera una entrada para poder ver la proyección de sus propias obras. Al cabo de unos días escuché un mensaje en mi contestador de Paulete, uno de los organizadores de este concurso, anunciándome que mi pieza “Montones humanos” había sido una de las cinco seleccionadas y felicitándome por la calidad de la misma. Tres días después recibo un mail colectivo en el que se nos indica a todos los presentados que “el premio”, pese a no contemplarse tal posibilidad en las bases, se ha declarado desierto. Es decir, repito: declaran desierto un concurso después de admitir la calidad de las obras presentadas y avisar a los "premiados". Tras ponerme en contacto con la organización me piden disculpas pero me confirman que sí, que han cambiado de idea y han decidido no proyectar los videos seleccionados.
Esto es lo malo de rebajarse a participar en este tipo de convocatorias de mala muerte. Que la organización supondrá, y con razón, que todos los participantes capaces de admitir semejantes condiciones son unos pringados de cuyo tiempo, esfuerzo y dinero pueden disponer a capricho.
Para el Dolmen
Me mailea Vicente García, editor de la publicación especializada Dolmen, solicitándome permiso para incluir mi comentario de hace unos días sobre mi no asistencia al Salón de Barcelona en la sección de cartas de su revista. Le explico que existe una organización de una feria de historietas con la que estoy muchísimo más mosqueado que con la de Barcelona: la de las jornadas de Mallorca formada, entre otros, por su compañero Jaume Vaquer. Añado que me parece un contrasentido publicar en una revista una queja ligera sobre un salón, cuando en la redacción de la misma figuran organizadores que me han mentido y engañado en otro.
Me reponde ofendido que él no es responsable del desaguisado -cosa que no he puesto en duda en ningún momento- y que tanto él como Diego (simpático y eficiente traductor habitual de muchas jornadas historietiles de la península) se están planteando denunciar a los responsables porque también les deben dinero. En mi caso, y en el de otros muchos invitados, los responsables son la persona que me contrató y prometió pagos que no se llevaron a cabo -Jaume Vaquer-, la que me dio largas y mintió repetidamente -el librero Joan Miquel Morey- y la sinvergüenza de la jefa del redundante servicio de cultura de la consejería de educación y cultura del gobierno balear -la morosa Catalina Ferrando Ballester-, cuya prepotencia y caradura son sólo comparables a su desastrada prosa epistolar. Entre ellos se han tirado la pelota de la responsabilidad de los impagos durante más de dos años, en el transcurso de los cuales han conseguido a base de excusas vagas aburrir a muchos compañeros que han acabado abandonando el intento de cobrar por sus repectivos trabajos.
Añade Vicente en su último mail que publicará encantado en su revista “cualquier cosa que quiera escribir sobre el tema”. Pues bien, Vicente, este simple texto, indicando a poder ser que está extraído de esta bitácora, es el que te agradecería que publicases como preludio de las acciones legales que voy a emprender, más por dignidad que por interés económico, a las que me gustaría que os sumaráis también tú y todos aquellos afectados por el timo.
Proyección comentada
Cuando hace años me pidieron por primera vez que diera una conferencia sobre mi trabajo me costó un tiempo enfocar la manera de hacerlo sin resultar aburrido, pretencioso o demasiado técnico. Al final comprendí que, me apoye en los medios en los que me apoye, a lo que me dedico con naturalidad es a contar historias. Y opté por relatar aquellas anécdotas que me sugirieran en el instante un bloque de imágenes seleccionadas al azar entre mi producción que hilvanasen una aproximación a brochazos de la realidad de mi vida profesional. Todavía utilizo ese sistema cuando me solicitan una intervención pública en solitario y la coherencia de los resultados varían dependiendo de muchos factores (ánimo personal, complicidad de los asistentes, seriedad de la organización…), pero suelo sentirme mucho más cómodo que cuando he intentado comunicar en directo un discurso más basado en la tesis que en la narración.
Todo esto viene a cuento porque mañana martes doy un pequeño bolo de este tipo para los alumnos de esta escuela de arte.
Cervezas
El universo de las revistas especializadas me interesa mucho porque diverge de la goma de mascar usada comunicativa de baja densidad que nos ofrecen todas las generalistas y se extiende en microcosmos de información minuciosa sobre particularidades concretas de asuntos que, a priori y a los ojos de un profano poco curioso, parecerían no tener demasiada chicha. Cuando leo una de ellas, vuelvo a recordar que detrás de la insulsa y repetitiva realidad que nos proponen los dominicales y las televisiones existen una plétora de submundos que desconozco y, al ver más sabores de yogures en la estantería de la existencia, me dan más ganas de tomar postre. O sea, de seguir aprendiendo; es decir, viviendo. Es cierto que ahora también disponemos de la red de redes, pero hubo un tiempo en que las revistas muy especializadas fueron casi mi único internet.
El caso es que por ésta y otras razones, rara es la temporada en la que no mantengo alguna colaboración historietil en una publicación de estas características. En la actualidad, estoy publicando la tira “Cervezas” en “Bar & beer”, revista gallega especializada en esa bebida que se reparte gratuitamente en cientos de cervecerías de toda la península y cuyo último número acaba de aparecer con la novena entrega de la serie.
Ángel Sefija en un libro de texto
De pequeño envidiaba los libros de texto de sexto y séptimo de EGB de mis hermanas mayores porque muchos incluían como extras algunas historietas. Recuerdo con especial satisfacción, por ejemplo, un par de episodios apasionantes de “Los Guerrilleros” de Bernet Toledano. Por eso me hizo ilusión que en 1998 la editorial francesa Bordas me solicitase los derechos de algunas páginas de Alter Rollo para utilizarlas como material pedagógico en el segundo volumen de su curso de lengua castellana “Mundos del español”, junto a trabajos de autores de la categoría de Cesc, Quino, Forges o Mique Beltrán.
Ahora es la editorial Didier la que me ha comprado unas cuantas planchas protagonizadas por Ángel Sefija y sus amigotes para el tercer volumen de un curso también destinado a estudiantes franceses de idioma español titulado “Nuevos rumbos”.
Este año no iré al Salón de Barcelona
Explicar con detalle mis razones para no acudir a Barcelona este año sería dar demasiada importancia a esta anécdota. Tan sólo juzgo que el trato dado a los autores profesionales que emplean de forma desinteresada su tiempo y dinero en viajar a una feria que utiliza su presencia y trabajo para atraer visitantes y subvenciones llegó el año pasado a unos niveles de desconsideración bochornosos. Así que aviso que este año no debería aparecer mi nombre en el extenso e imaginativo listado de supuestos autores presentes en el Salón que la organización suele facilitar alegremente en sus catálogos y notas de prensa.
Visitantes
En marzo de 1996 me compré mi primera webcam, la legendaria y original Quickcam en blanco y negro de Connectix. Con ella, además de establecer videoconferencias a dos frames por segundo con desconocidos del otro lado del planeta, también me dediqué a tomar fotografías con bajísima resolución de todos aquellos conocidos que visitaron mi estudio desde esa fecha hasta 1999, año en que la sustituí como cámara digital por una Mavica de Sony que, gracias a su ingenioso sistema de utilización de disquetes como sistema de memoria, ya no necesitaba mantenerse conectada permanentemente al puerto de impresora de mi powermac 7200 para poder funcionar.
Ahora, gracias a una cuenta pro de Flickr que me ha regalado amablemente Pedro Jorge, he colgado aquí medio centenar de esos retratillos.


