Estamos pez
El siguiente texto lo escribí para el fanzine LSD en 1999, cuando apareció el primer CD de Esteban Light. Podéis entreteneros escuchando estos días las canciones que no conozcáis porque yo me marcho de vacaciones ahora mismo y no actualizaré esto hasta el ocho de septiembre. Hasta entonces. Pasadlo bien.
DE QUÉ TRATAN LAS CANCIONES DE "ESTAMOS PEZ"
1• Reiniciar
Cuando un ordenador te da cualquier tipo de problema lo primero que hace todo cristo es “reiniciarlo”. Hala, borrón y cuenta nueva, empecemos de nuevo, esto es otro rollo. Siempre hemos empezado los conciertos de “Esteban light” con este instrumental. Equivale al sonido que lanza un ordenador cuando se enciende, como diciendo: -Hey, que esto ya está en marcha otra vez.
2• Fotocopias Rosillo
Antes de comprarme mi ordenador yo era un auténtico adicto a las fotocopisterías. El proceso manual que utilizaba para colorear mis dibujos e historietas me obligaba a visitar este tipo de comercios diariamente. El gran porcentaje de gente desagradable e inepta que me encontraba trabajando en ellos me desesperaba. Hasta que, gracias a Alvaro Ortega, conocí Rosillo. Agradecí tanto su profesionalidad que les escribí esta canción.
3• Días de chándal
Cuando compuse esta canción en 1991 meterse jaco ya no era una cosa muy “cool”, los rotarios acababan de inventar el “proyecto hombre”, los chinos empezaban a ganar terreno a las chutas y las patrullas ciudadanas repartían leña entre las uralitas de los poblados. Nos imaginamos la imagen tan triste que ofrecería un grupo de rock que, al igual que otros muchos hicieron con gran éxito en su tiempo, basara hoy en día su imagen en la de los chandalizados yonkis actuales.
4• Mi clase de octavo de EGB A
Observando una foto de mi clase de octavo de EGB me di cuenta de que prácticamente me acordaba de todos los nombres de los allí presentes, mientras que había olvidado la mayoría de los que compartieron conmigo clase en épocas mucho más cercanas como, por ejemplo, en Bellas Artes. La letra de esta canción es sencilla, realista, objetiva 100% y, en ningún momento, añora la preadolescencia en plan pesadete machadiano. Pero hay algo en su exhaustividad humorística, y en su cadencia de himno que hace que me guste mucho.
Por eso, al igual que “Días de chandal”, aunque la composición ya se encontraba en los primitivos singles de “Fat Esteban”, la hemos grabado ahora otra vez más en serio. E incluso me gustaría volver a grabarla algún día con una orquestación de la hostia, violines, sección de vientos, timbales en plan Rafael y el copón.
5• Carmen y Carlos
Me encantan los musicales. Siempre he querido montar una operilla rock de modesto formato que se representaría en directo con pocos actores cantantes y una pequeña banda de acompañamiento de seis o siete músicos. Incluso tengo en la cabeza un pequeño esquema argumental. “Carmen y Carlos”, en este montaje, abriría el show, que luego discurriría por derroteros musicales de todo tipo.
Esta canción está inspirada en los dramáticos duelos escénicos de los Pimpinela, pero con una óptica más a lo Rezillo.
6• Hoy no salgo
Quedarse en casa a veces también es divertido. Y, encima, luego no tienes resaca.
7• Lámparas de lava
Un “My favourite things” personal, electrificado y actual, pero sin olvidar el tono ingenuo de la pieza que me inspiró. Siempre sube el ánimo enumerar las cosas que a uno le gustan. O eso creo que decía Julie Andrews.
La favorita de Ignacio y Alejo. Mucha gente dice que debería ser el single.
8• Sitcom
Sintonía para una comedia de situación televisiva inexistente. Me encantaba -y me encanta- escuchar las primeras notas de la tonadilla de una serie que me gustase (Lou Grant, Alf, Cheers, Next Generation, Seinfeld...) y acudir entusiasmado al cuarto de la tele tarareándola estruendosamente.
Cuando la oigas, imagínate que estas viendo la tele, comienza una serie y los créditos van discurriendo sobre una selección de breves escenas de los personajes haciendo el mongol. Al acabar, sobre la cola de la canción, imagina la voz muy seria de un narrador descubriendo el título del capítulo del día.
9• Londo no ve a Kosh
Detesto las letras de canciones que no significan nada o que son imposibles de entender, pero este no es el caso. Cualquier seguidor de “Babylon 5” (y en particular, los que recuerden el mítico último episodio de la segunda temporada en el que, por fin, Kosh abandona su armadura espacial y se deja ver por unos instantes) comprenderá perfectamente esta canción.
10• Hola pez
Esto es una canción de amor. Sí, sí, como lo oyes. Es una enumeración de frases hechas, extraño vocabulario y refranes descontextualizados que una ex acostumbraba a utilizar con frecuencia cuando la conocí. Escribí la canción, la grabé en una cinta con un cuatro pistas y una caja de ritmos y se la regalé un día. Con la base rítmica de “Esteban light”, claro está, suena muchísimo mejor. De hecho, es una de las canciones que más contento estoy de cómo han quedado en este álbum.
11• Rock and roll Tamagotchi
Un Tamagotchi sólo es un videojuego que dura mogollón de tiempo y es muy aburrido. Si una partida del “Space invaders” de toda la vida fuese a cámara lenta y se llamara “Mascotas virtuales invasoras”, sería exactamente lo mismo.
Cuando salió el jueguecito, millones de columnistas idiotas y psicólogos de tertulia radiofónica se apresuraron a emitir juicios de valor y análisis sociológicos que hacían cagar. Nosotros hicimos una canción que hace bailar.
12• Caramelos PEZ
¡Qué bonitas es esa costumbre de traer regalos a los amigos cuando uno se va de viaje! Con esto de la aldea global de los cojones y la invasión de las franquicias de las multinacionales cada vez es más difícil, pero todavía existen deseados productos que se venden exclusivamente en determinadas zonas geográficas.
13• Capitán Pato
La canción es de Luis Durán (sí, el del personaje de historieta Perry Masón) y, poca gente entiende en ella otra cosa que una serie de despropósitos psicotrópicos. Yo no lo veo así. Volvedla a escuchar y pensad ahora que narra la difícil y solitaria existencia del crápula nocturno. Así sí, ¿eh?, qué pájaros...
Nota: no he colgado esta última canción por no ser de mi autoría.
El día que indigné a la AESPD
Los responsables de prisacom, sastifechos con la bitácora que escribí para ellos la semana pasada, han tenido el detalle de regalarme una suscripción a su diario digital de esas que incluyen acceso a la hemeroteca de la edición impresa. No negaré que lo primero que he hecho es ponerme a egosurfear. Me ha dado un poco de mal rollo porque en poco más de medio centenar de apariciones de mi nombre en las secciones más variadas me han resumido mi vida de los últimos veinticinco años sin ahorrarme los peores momentos, pero a cambio, también he encontrado este artículo de Francisco Gor para la sección “El defensor del lector” del diario El País analógico que no leí en su tiempo y que me ha divertido bastante por diversos motivos.EN CLAVE DE HUMOR
(Franciso Gor, El País 04-05-1997)
Teñida de humor, la crítica más acerba se hace tolerable. Pero ello no constituye un salvoconducto para que la crítica que se expresa en EL PAÍS mediante el humor -cómic, historieta, chiste- se realice al margen de los principios y las normas del Libro de estilo. La Asociación Española de Empresas de Servicios de Publicidad Directa (AESPD) se ha sentido molesta -incluso "indignada"- ante una tira de cómic de Alter Rollo (El País de las Tentaciones de 21 de marzo) que crea una historia relacionada con determinadas prácticas atribuidas a este sector de publicidad directa como el envío de invitaciones repetidas a los actos culturales. Pero, como no hay mal que por bien no venga, la situación no deja de reportarle agradables beneficios al protagonista de la historia: "La verdad es que, si empezasen a mandarme sólo una invitación, ya no podría llevar a mis amigotes del barrio a merendar gratis a todas las inauguraciones", concluye complacientemente.En representación de AESPD, su secretaria general, María del Mar Moya-Angeler, califica de "corrosiva" la tira de Alter Rollo y expresa "la indignación despertada en nuestro sector por su publicación, que con este motivo se ha sentido injustamente atacado precisamente en un espacio como el del humor, especialmente dado a establecer opiniones que en este caso creemos sinceramente que deben tener como contrapartida una información veraz".
La representante de AESPD señala, sin duda, una cuestión central: la veracidad de los hechos de los que se informa o que sirven de apoyo para emitir una opinión. ¿Se producen las prácticas de publicidad directa sobre las que Alter Rollo ha montado su tira cómica? El hecho de que la propia AESPI), según la carta que su representante ha enviado al Defensor del Lector, haya decidido crear una asociación y un código deontológico "para intentar en la medida de lo posible que las circunstancias resaltadas en la mencionada entrega de Alter Rollo no se produzcan" parece indicar que esas prácticas existen o que son susceptibles de existir.
El autor de la tira cómica ha respondido al Defensor del Lector que "el guión de la historieta está inspirado en unos hechos frecuentes en la realidad. Tanto", añade, "como para que los mismos profesionales hayan creído necesaria la formación de una asociación y un código deontológico que intente evitarlos". En todo caso, su intención última a la hora de elaborar la historieta, según afirma, "fue más reflejar las contradicciones del alma humana que denunciar la picaresca de algunas empresas de algún colectivo. Siento", concluye, "que, debido a la utilización del estilo sintético que demanda el humor, se haya podido interpretar una anécdota como una definición de un sector profesional, pero considero desproporcionado indignarse por ello. ¿Cuál tendría que ser si no, por ejemplo, la reacción de la Cámara de Comercio ante las repetidas estafas del tendero ladrón de la clásica 13 Rue del Percebe?".
El Defensor del Lector ha creído aportuno pedir al responsable de El País de las Tentaciones, Fernando Rimblas, una definición del humor que se hace y se intenta hacer en este suplemento. Es posible que ello sirva a los que, como ha sucedido con AESPD, puedan sentirse heridos por alguna de sus historias cómicas para comprender mejor el espíritu con que se hacen. Para Rimblas, "El País de las Tentaciones ha hecho del humor una de sus señas de identidad. Y siempre hemos apostado por un humor bienintencionado, inteligente y reflexivo. En sus páginas nació Cuttlas, el genial personaje de Calpurnio que ahora recorre otros ámbitos". Y respecto de Alter Rollo, un conocido cercano del dibujante Mauro Entrialgo, Rimblas dice que "aplica sobre la realidad más inmediata una visión peculiar, mezcla de perplejidad y burla ingenua, pero nunca ofensiva o destemplada". "Una revisión de las historietas publicadas por Mauro Entrialgo en el País de las Tentaciones", concluye Fernando Rimblas, "permite comprobar su falta de agresividad y su escasa voluntad de polémica. En todo caso, no es intención de este suplemento atacar a nadie, y menos desde el espacio que cada semana dedicamos a la sonrisa estimulante".
Efectivamente, el Defensor del Lector cree que la mejor reacción ante la crítica hecha en clave de humor es la sonrisa, aunque sea amarga, y no la indignación. Incluso en el derecho penal, el ánimus iocandi, es decir, la intención jocosa o festiva, suele interpretarse por los jueces como un elemento atenuante y que puede hasta anular la intencionalidad injuriosa u ofensiva de la crítica. Eso lía sido así incluso en aquellos 40 años en que la crítica política estuvo severamente perseguida en España y el humor era el único espacio en que podía manifestarse tímidamente (muchos españoles recordarán todavía con reconocimiento el papel pionero de La Codorniz en este campo). Por eso, en la sociedad española actual se ha percibido como algo desfasado y anormal, es decir, como un latido de otro tiempo, el ataque lanzado recientemente desde concretos círculos ultraconservadores próximos al Gobierno contra la emisión del espacio Las noticias del guiñol de Canal +.
Sobre el humor y sus efectos tonificantes en la sociedad, el dibujante y humorista Peridis ha escrito este bello y penetrante texto a petición del Defensor del Lector: "La risa, la comedia y la caricatura son instrumentos que desde muy antiguo tiene la sociedad para reformar el carácter de sus individuos. No pretenden herir, insultar y agredir. Al contrario, pasar del drama a la comedia. Bajan del pedestal a las personas que están en lo alto y curan el temor y la envidia que causan a los demás de una manera amable e inteligente. Como dice Bergson, 'es necesario que cada uno de sus miembros esté atento a lo que le rodea y se moldee de acuerdo con el entorno, evitando, en suma, encerrarse en el carácter como en una torre de marfil'. Y por eso la sociedad hace que sobre cada cual se cierna, si no la amenaza de una corrección, al menos la perspectiva de una humillación que no por ser ligera resulta menos temible".
Crossover
Algunos lectores de historietas que desconocen mi trabajo en otros medios, creen equivocadamente que mi afición a soltar intimidades autobiográficas y anécdotas familiares es tan nueva como mi último libro editado. El texto que pego hoy aquí abajo, apareció publicado por primera vez hace diez años en el número tres de la revista de arte La más bella, dedicado a la mentira. No es que sea ninguna maravilla, pero me parece que resulta interesante leerlo hoy por el cruce de personajes que se produce entre él, Los domingos y La boda de Arturito.LA MENTIRA JUSTA
Aunque no son del Opus, mis tíos Maribel y Juan Carlos tienen siete hijos: Carlos, Jorge, Ana, Gonzalo, Arturo, Víctor y Reyes. En 1982, su vivienda, situada por aquel entonces en la calle Vicente Goicoechea de Vitoria, sufrió un misterioso incendio. La habitación de Arturo y Víctor quedó completamente calcinada y buena parte de la casa tuvo daños de consideración hasta el punto de hacerla inhabitable. Recuerdo, por ejemplo, que la colección de discos de Jorge acabó convertida en un montón de vinilo maloliente y que la buenorra de mi prima Ana, en plena adolescencia, se quedó sin una sola prenda de vestir de todo su guardarropa. Durante los meses que llevó reparar el inmueble la familia entera tuvo que trasladarse a un hotel.
Nadie podía explicarse las causas del siniestro, pero, aunque todos los hermanos aseguraban no estar implicados en los hechos, muchos sospechábamos de Gonzalo y su conocida afición a prender fuego a pequeños animales y cosas de variado tamaño. La investigación localizó el origen del fuego en el interior de uno de los armarios de la habitación más afectada; en concreto, en aquel que guardaba uno de esos juegos de química que los adultos siempre presumen peligrosos. Las declaraciones de la familia, el informe de los bomberos y una explicación técnica de un experto químico profesional acabaron convenciendo a la compañía de seguros de que el único responsable del desastre había sido un Quimicefa. Los abogados de cualquier aseguradora norteamericana actual habrían demandado a los fabricantes del juguete, pero, afortunadamente, éste no fue el caso.
Casi diez años después, en una velada en que la conversación llevaba al recuerdo, Arturo confesó. El día de los hechos abrió su armario con intención de buscar unos zapatos, encendió un fósforo para ver con mayor claridad el interior del mueble y, en ese momento, se prendió un hilillo que colgaba de un albornoz. Creyó haber apagado la llama totalmente, pero los hechos posteriores prueban lo contrario. Además de él, sólo Víctor conocía la historia antes de ahora y la había callado por miedo a las amenazas de su hermano. Al finalizar la confesión, Gonzalo propinó una paliza a Arturo por todas las sospechas, insultos y desconfianzas que tuvo que soportar injustamente durante años. Pero, reconozcámoslo, sin la temerosa mentira infantil de Arturo, la aseguradora no habría pagado los desperfectos.
Los gremlins, ya se sabe, siempre fueron dantescos
Como continúan las solicitudes sigo pegando textos antiguos poco difundidos. El siguiente apareció en 2002 dentro de la serie “Tesoros de mi colección” en el fanzine Cabezabajo. GIZMO MUSICAL
Para este número especial de Cabezabajo dedicado a la música he seleccionado una de mi más preciadas piezas del despropósito. Se trata de una delirante reinterpretación del adorable gremlim bueno Gizmo, al que conocimos por primera vez en el popular largometraje de Joe Dante de 1983. Los rótulos de la caja así lo aseguran y la pequeña inclusión del trade mark de la Warner grabada en la base de la nuca nos acaba por convencer de que se trata de un producto oficial autorizado.
Sospecho, sin embargo, que en aquella época los requisitos de coherencia exigidos por una multinacional a una empresa para obtener la licencia de uso de un personaje registrado no debían ser tan estrictas como las de hoy en día. Al menos, yo no recuerdo haber visto en la película al pobre Gizmo vestido con un pantalón de peluche blanco y un jersecito de lana de tonalidades malvas tejido a mano, tocando los platillos con unas manos de cuatro dedos con guantes a lo Mickey Mouse.
Porque sí, queridos amigos, a este pseudogremlin puedes exponerle a la luz, puedes darle de comer después de media noche e incluso puedes mojarle sin temor a la tragedia. Pero atrévete a darle cuerda y el infernal artefacto se pondrá a golpear los platillos como un pequeño muñeco diabólico mientras contonea su cintura inmerso en una danza macabra que da mucho miedo.
Mi teoría personal acerca de cómo se llegó a fabricar este engendro es la que sigue. La empresa alicantina Mecánica Ibense poseía un exceso de stock de uno de sus, en otro tiempo, populares juguetes: el payaso tocador de platillos. Ni corto ni perezoso, algún miembro de su consejo de dirección decidió actualizar la mercancía importando un cargamento de auténticas cabezas de plástico de gremlin que sustituyeran a las del tradicional payaso. El resultado es éste que, años después, yo conservo en mi despacho, vosotros admiráis en esta página y muchos fans americanos matarían por conseguir.
Y aprovecho que viene a huevo, para enlazar esta obra maestra creada por Nacho Vigalondo para y con los chanantes.
En el Macba
Fum visitó ayer la exposición de portadas de discos de la que hablé aquí hace unos meses y ha tenido la cortesía de grabar y colgar este vídeo enseñando las mías, las de Gallardo y un poquito las de Ceesepe.
Homer y yo
Pese a mi reciente promesa, debido a las múltiples solicitudes en los comentarios -tres, en concreto- vuelvo a pegar aquí un texto rescatado de las profundidades de mis discos duros. Me lo pidió Dildo Mondobrutto en 2000 para la revista GQ en cuya redacción él trabajaba y, como siempre pasa cuando uno hace algo gratis, jamás se molestó en facilitarme una revista o, al menos, avisarme de que no se había publicado. Con lo que es posible que esté inédito.ELOGIO DE HOMER
Si algo tienen en común la gran mayoría de las películas y series de televisión producidas desde principios de los cuarenta hasta mediados de los setenta es la celebración del hedonismo en general y de la priba en particular. ¿Reuniones de trabajo?: bien regadas con ginebra. ¿Un amigo de la infancia llega al hogar del protagonista?: preparando dos martinis que es gerundio. ¿Visita de sus padres?: whisky sour para el viejo, bloody mary para la vieja. Cualquier ocasión era buena para remojar el gaznate o dar cualquier otro gusto al cuerpo sin remordimiento alguno ni moralejas cortarrollos. En “El guateque”, justo en el momento en que Peter Sellers decide por fin probar el alcohol, deja de ser un patoso gafe y la alegría irrumpe en su vida. En “La chica de la tele”, Lou Grant podía ser muy aficionado al escocés sin dejar de ser por ello una persona entrañable y un profesional de la hostia. Incluso hasta el pequeño Dumbo se agarra bajo las carpas una divertida melopea para regocijo de pequeños y grandes en el inolvidable largometraje de 1941.
Pero, de pronto, el pasárselo bien sin molestar al prójimo empezó a estar mal considerado y las pantallas de todos los tamaños se apresuraron a sumarse a esta persecución sistemática de la libertad de costumbres en que se ha convertido nuestra sociedad democrática occidental.
A finales de la década de los ochenta, sólo los Simpsons emergieron de entre tanta mierda defendiendo nuestro derecho a no ser gilipollas. Porque Homer, bajo su disfraz de fantozzi, de trabajador adocenado de clase media aborregada, es un activista del placer. Homer trabaja por obligación, pero jamás entregará voluntariamente una hora extra, un minuto más de curro alienante, siquiera un segundo de vida al poder, a cambio de la difusa promesa de una economía mejor. Homer ya es feliz con su familia, su tele, la bolera, los donuts del badulaque y una docena de Dufs heladas en el bar de Moe. Que le den por el culo a Flanders y a su casita abarrotada de inútiles bienes de consumo.
Qué agostito
Con este título comienzo el próximo lunes día 14 un blog con actualización diaria, dibujitos de acompañamiento a todas las entradas y contenidos no tan circunscritos a mi actividad profesional como los que suelo publicar en éste, que sólo durará una semana. El invento estará alojado dentro de elpais.es y creo que se podrá acceder también a él desde las portadas de otros medios del grupo.
Muñecos de terciopelo
A la colección de objetos basados en mis personajes que presentó la empresa Cha-chá hace un par de meses, se suman ahora estos tres muñequitos.
Mi disco favorito
Prometo no aburrir hasta dentro de mucho con esto de pegar textillos desenterrados, así que ahí va el último hasta nuevo aviso. Éste lo escribí en 1999 para el fanzine Subterfuge a petición de Borja Crespo, que trabajaba por allí en aquel entonces.MI DISCO FAVORITO
No estoy seguro de si al solicitarme un escrito para esta sección se me pide que hable sobre mi grabación musical preferida de todos los tiempos o si, más bien, he de hacerlo sobre el disco -el objeto en sí- al que le tengo más cariño sean cual sean los sonidos que contenga.
Porque las dos cosas no siempre coinciden. Tengo singles que aprecio mucho como lo que son y por la carga nostálgica que contienen para mí (p.e. uno en vinilo rosa fluorescente de Johnny Halliday cantando “Ven a bailar el twist” en cuatro idiomas), pero cuyas canciones me la sudan un poquito y CDs cuyas canciones me gustan la hostia, pero que no dudaría en regalar porque puedo adquirirlos de nuevo en cualquier momento con exactamente el mismo envoltorio (p.e. “The best of Danny Kaye”).
En el primer caso -elegir la mejor grabación- me encuentro con la dificultad típica de esta clase de decisiones. Seleccionar una única obra de entre la marabunta de discos que me parecen buenísimos y entre todos los estilos musicales es una tarea difícil. El sistema que las revistas modernas musicales de aquí utilizan para solucionar este tipo de elecciones -”el mejor disco de todos los tiempos” o “los cincuenta mejores del año pasado” y cosas así- es el mismo que usan para todo. Es decir: copiar a las de fuera. Y las de fuera lo que suelen hacer es sentenciar con nombres de grupos que no los conozcan ni en su casa a la hora de comer. Lo malo es que así uno queda como un snob subnormal. Pero no acaba ahí el problema. Si se elige un clásico irrefutable de los Beatles, Who, Rolling o Kinks, uno puede parecer un soso de cuidado; si uno de Frank Zappa (el recopilatorio “Strictly comercial”, p.e.), un intelectual; si un must del punk (El primero de los Damned o de los Rezillos, p.e.) o de la nueva ola (el primero de Elvis Costello, p.e.), un Peter Pan descerebrado; si uno de Prince (p.e. “Around the world in a day”), un colgado de los equis de los ochenta... En su día, incluso realicé una historieta de mi personaje Alter Rollo sobre este mismo asunto para el suplemento de corte juvenil “Tentaciones” que la editorial “La factoría de ideas” acaba de recopilar junto con otro montón de planchas en un bonito álbum de tapas naranja fluorescente (sí, como el single de Johnny Hallidey) a la venta en la librería de tebeos más cercana o incluso en el mismo catálogo del sello que publica este fanzine que sostienes entre las manos. Hala, fin de la pausa publicitaria.
Sin embargo, en el segundo caso (si he de elegir por motivaciones extramusicales) no tengo ningún problema en deciros que mi disco favorito es “Kind of blues” de Miles Davis.
Os lo explico. Cuando me vine a vivir a Madrid mi familia me regaló algunos muebles viejos. Entre ellos, una especie de cómoda con un falso cajón que guardaba en su interior un pick-up que mi madre ganó a principios de los sesenta en un programa de la primitiva televisión. Coloqué el armatoste a modo de mesilla en mi cuarto. La aguja del aparatejo éste descojonaba todos los discos que tocaba, así que compré una copia del “Kind of blues” a quinientas pelas en la típica línea a bajo precio y allí se quedó el disco. Durante diez años, todas las actividades que realicé en mi cama, si tuvieron acompañamiento musical, fue el acompañamiento de este magnífico LP.
Así que ahora, por asociación de ideas o por culpa del puto Paulov, cuando oigo alguna de las canciones de este disco se me suele poner bastante dura.
La falla entre txistus
Como homenaje a las fiestas de mi pueblo, que se están celebrando estos días, pego aquí este textito que escribí originalmente para el fanzine valenciano “Sabiduría fallera” hace ya diez años. LA FALLA DE VITORIA-GASTEIZ
En el centro de la céntrica plaza de la Virgen Blanca de Vitoria se encuentra una extraña y enorme mole de piedra de unos diez metros de altura. El monumento conmemora la batalla de Vitoria, ese acontecimiento bélico por el cual España expulsó definitivamente de su territorio a las tropas napoleónicas, consiguiendo con ello, retrasar unas cuantas décadas el establecimiento en este país de la concepción moderna del estado.
Recogiendo la propuesta original ya apuntada en 1813 por el diputado por Álava en las cortes de Cádiz, Manuel Arostegui, la obra fue encargada al escultor valenciano Gabriel Borrás en el año 1909, siendo Don Pedro Ordoño alcalde de la ciudad, con la intención de inagurarla en 1912 -un siglo después de la contienda-, aunque no pudo ser acabada y erigida en su localización actual hasta 1917.
Borrás aparece en las enciclopedias como un aventajado escultor alumno de Benlliure, pero son muchos los que sostienen que, al mismo tiempo, trabajó largos años como destacado artista fallero.
Y, en efecto, cualquiera que repare en las peculiaridades de esta escultura -intención narrativa, colosalismo, gusto por la anécdota y figuración tendente al expresionismo- convendrá conmigo en sus similitudes con una gran falla.
Lástima que no arda tan bien.
Paralelismo entre "El sol del membrillo" y "En la cama con Madonna".
Hoy me he topado por casualidad con la versión online del libro "Cine de papel", magnífico catálogo de la exposición del mismo nombre que organizó la APIV en Valencia a finales del año 2000. Entre sus textos, me ha hecho gracia releer el que, algo torpemente, escribí yo en aquel entonces a propósito de El sol del membrillo. Como la web está hecha con el puto flash no permite enlaces directos a sus apartados, así que os lo pego a continuación y santas pascuas:EL SOL DEL MEMBRILLO
Siempre he considerado a Antonio López un pintor con una especial habilidad para escoger temas poco atrayentes y convertirlos en cuadros muy feos. Por si fuera poco, el planteamiento argumental de la película -que, encima dura dos horas- consiste en la siguiente demencia: narrar a lo largo de casi un año el desarrollo paralelo de un membrillo y una obra en la cual este señor lo quiere representar. Con esas premisas, la brasa parece asegurada.
¿Por qué, entonces, me parece sin lugar a dudas “El sol del membrillo” -y no sospechéis ni un ápice de ironía en esta afirmación- un largometraje fascinante?
Creo que la clave se halla en que el director, convencido de la genialidad de la figura humana que retrata opta por no intervenir subjetivamente en su descripción. Confía en que, mostrado el personaje tal y como es, el espectador llegue a esa conclusión por si mismo. Pero la película es tan sincera, tan detallista, el director es tan honrado penetrando tanto en la psicología del pintor y mostrándonoslo a los demás sin artificio alguno huyendo de la exaltación vana, que el espectador puede sacar sus propias conclusiones. Conclusiones que no tinen por qué coincidir con las del director. Uno puede acabar teniendo la certeza de que aquello que suponía desde años -que Antonio López es un psicópata que hace bien en pintar esos cuadros por los que se pelea la nobleza porque si no le podría haber dado por otra obsesión menos inocua- se corresponde con la realidad.
En este sentido, el paralelismo de “El sol del membrillo” con “En la cama con Madonna” es evidente. El seguimiento documental de dos personalidades encumbradas por la masa en sus respectivos campos nos desvela, pese a las continuas imposturas de sus protagonistas, su verdadera naturaleza humana en los momentos de tensión. Imposta Madonna cuando afirma que todo su cuerpo de baile reza siempre antes de salir a una actuación (ante las miradas alucinadas de sus bailarines), cuando dice que mantiene amistades desde la infancia (amigas que aplauden y saltan alborozadas al saber que ELLA va a visitarlas) y cuando afirma mil tonterías más que la misma cámara acaba por descubrirnos como falsas. E imposta Antonio López cuando pretende comportarse ante la cámara, escena tras escena, como un calmado ser contemplativo al que el reconocimiento popular se la suda. Toda la falsa humildad del del pincel se revela en egocentrismo violento en esa terrible escena en que su mujer intenta ayudarle a colocar unas losetas sobre su estropeado cuadro con el fin de enderezarlo. Sus miradas de ira en ese oscuro y húmedo cobertizo, sus insultos contenidos, sus malas maneras con la pobre persona que le soporta nos producen un fugaz instante de entendimiento de la raza humana que sobrecoge.
Por supuesto, formalmente, “El sol del membrillo” es elegante y preciosista, muy alejada del mareante discurrir de viajecitos chorras de cámara con que “En la cama con Madonna” nos ametralla. Pero su valor último, insisto, está en la perfecta disección de la naturaleza humana a través de un uso magistral y nunca tramposo de los fundamentos del cine, no en esa maravillosa fotografía que otras películas utilizan para ocultar su falta de contenido.


